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La importancia de la salud mental Y el valor de las palabras bonitas

¡Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que escribí una entrada! Desde que he aterrizado en Dublín han ocurrido muchas cosas: he tenido que aprender a manejar el tiempo y afrontar un cambio de cultura y horarios. Y eso, quiera o no, supone mucho esfuerzo mental. Qué mejor manera de empezar una nueva época que hablando de algo que nos concierne a todos y que, desgraciadamente, está tan invisibilizado hoy en día: la salud mental.

La salud mental engloba muchas situaciones y resulta ser distinta en cada persona. Es compleja de entender y por eso nos asusta. A medida que han pasado las generaciones la hemos rechazado invisibilizado, le hemos lanzado palabras despreocupadas para quitarle hierro al asunto. Y ese ha sido uno de nuestros mayores problemas como sociedad: esconder un problema que crece constantemente, retener un dolor que podría hacernos estallar en cualquier momento.

La salud mental es delicada. Puede desestabilizarse en cualquier momento. Los primeros días que llegué a Irlanda sufrí estrés, cosa normal para alguien que no sabe qué esperarse de un lugar desconocido, pero no por ello debía dejarlo pasar. Pasé un día casi sin salir de la residencia, porque así es como recargo las pilas. Aunque me gusta socializar, también me agota bastante. Siempre necesito un momento de silencio para escucharme (supongo que en parte eso consiste ser introvertida).

Algo que me anima mucho cuando estoy mentalmente agotada son los tuits de The Sad Ghost Club. Tiene viñetas muy simpáticas que abarcan la salud mental y el amor propio desde una perspectiva adorable y nostálgica como la de un fantasma con el que más de uno (yo incluida) se sentiría identificado.

Viñeta de The Sad Ghost Club.

Algo que me anima bastante es leer estas viñetas y sentirme acompañada. Al igual que dice esta imagen, las palabras ayudan mucho y las amistades también. No sirve de nada que alguien te diga «no te estreses» o «no estés nervioso» porque es obvio que quien está estresado no quiere sentirse así. No hace falta tener un título en psicología expresamente para ayudar a alguien a calmarse; en vez de eso es mejor decir «¿qué te preocupa?» o «cuéntame». Porque a veces con desahogarse y deshinchar la mente ya es suficiente.

También es importante conocer los límites y el nivel de gravedad. Hay muchas ocasiones en las que es necesaria la intervención de un profesional. ¡Y no hay que avergonzarse de ello! Los médicos curan la salud corporal y los psicólogos tratan la mental. Ambas son igual de importantes. Puede que no exista el jarabe para el estrés, pero pequeñas píldoras de amabilidad y compañerismo pueden hacer un gran cambio.

Así que recordad: no infravaloréis la salud mental. Y ayudad a quien lo necesite… Las palabras bonitas hacen mucho. Pero ¡eso no significa que las debamos reservar solo para casos de emergencia! Decid cosas bonitas en cualquier momento, que sea una sorpresa. Le alegraréis el día a más de una persona.

 

¿Qué hacéis vosotros cuando veis a alguien desanimado?

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