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Cinco cosas que he aprendido escribiendo una novela corta Sí, sí, lo que lees

Siempre he dicho que las novelas no son lo mío. Sin embargo, esta vez he querido probar algo distinto. En verano he desaparecido de las redes para adentrarme de lleno en un nuevo proyecto: ¡una novela corta! La novela corta (a la que también llaman novelette o bolsilibro, pero eso es otro tema discutible) es un género que ronda las 20.000 y las 40.000 palabras aproximadamente. Algo breve, pero no tanto como un relato. Un camino intermedio entre el relato y la novela tal y como la conocemos.

Personalmente, me cuesta muchísimo escribir algo que supere las 5.000 palabras, no lo pongo en duda. He escrito novelas que han acabado encerradas en el cajón para siempre. Esta vez quería sacar algo de provecho de la novela corta, de modo que he decidido reunir una lista de cosas que he aprendido durante la escritura de este pequeño proyecto:

1) Una novela corta no es un relato ni una novela. Aunque parezca una deducción muy tonta, es difícil creérselo hasta que uno no se pone manos a la obra. Hay que tener en mente las limitaciones de cada género a la hora de crear una historia. Tanto la novela corta como la novela estándar tienen estructuras muy marcadas que dependen de la longitud. Es decir, es posible que en una novela corta no contenga tantos personajes como una novela, o que la trama no esté tan desarrollada, aunque eso no signifique el final sea menos redondo. Los géneros son distintos y, a no ser que uno pretenda aventurarse en el mundo de los escritores brújula, es importante conocer las características de cada uno.

2) Es imposible avanzar hacia atrás, sí es posible hacerlo hacia adelante. El primer manuscrito no va a ser una obra maestra, o al menos es muy poco probable que lo sea. Cada historia estará más pulida que la anterior, así que, si de algo sirve una historia además de para ser leída, es para aprender de ella y mejorar en el futuro. Dejando el síndrome del impostor de lado, el escritor es la primera persona que debe sentirse cómoda con sus proyectos.

3) Descansar es importante. Tan importante como marcar unas horas de trabajo al igual que de descanso. Trabajar por encima de las posibilidades es agotador y acaba por desgastar la mente del escritor y, quién sabe, también es capaz de cogerle tirria al texto.

4) Los bolsilibros se leen en un suspiro, pero no son tan rápidos de leer ni corregir. ¡Ni mucho menos!

5) Cada persona tiene su ritmo de escritura. Hay mil métodos para trabajar y ser productivo a la vez. Habría que valorar más la satisfacción de escribir que el tiempo invertido en ello. Escribir no es una carrera ni hay un podio al final del camino. Cada logro es igual de valioso e importante que cualquier otro.

¡Y ya está! ¿Tenéis algún consejo que os gustaría compartir?

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2 comentarios en “Cinco cosas que he aprendido escribiendo una novela corta Sí, sí, lo que lees

    1. ¡Definitivamente! Las novelas cortas dan para mucho juego, sobre todo en cuanto al estilo y el orden de los capítulos. Son lo demasiado breves para no confundir al lector y lo bastante largas para crear una trama redonda.

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